En medio de la guerra y las temperaturas extremas que alcanzan los -20°C, los cristianos en Ucrania continúan reuniéndose para adorar a Dios y servir a quienes más lo necesitan.
A pesar de los apagones masivos, la falta de calefacción y los daños provocados por el frío y los ataques a la infraestructura energética, muchas iglesias han permanecido abiertas como refugios de esperanza, ofreciendo calor, ayuda humanitaria y apoyo espiritual a la comunidad.
Incluso congregaciones que celebran cultos con abrigos y sin electricidad siguen levantando alabanzas, demostrando que su fe permanece firme en medio de las dificultades.

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