Un joven identificado como Zaid decidió permanecer en Yemen y seguir a Jesucristo a pesar de los riesgos que enfrenta por su fe en uno de los países más hostiles para los cristianos.
Criado en un hogar musulmán conservador, comenzó a cuestionar su futuro espiritual desde la adolescencia, lo que lo llevó a abandonar el islam y atravesar una etapa marcada por las drogas y la desesperación.
Sin embargo, tras conocer el mensaje del Evangelio y tener una experiencia que describe como un encuentro con Jesús, entregó su vida a Cristo.
Aunque reconoce que podría ser arrestado o incluso ejecutado por su fe, afirma que seguirá confiando en Dios: “Un día la policía podrá llevarme, o alguien podrá matarme, pero Dios estará conmigo”.

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