Joan Bresil, quien creció en un hogar haitiano estricto en Brooklyn sin el afecto paterno que anhelaba, encontró la libertad definitiva de su adicción a la pornografía y la sanidad de sus heridas emocionales tras aceptar a Jesús como su Señor y Salvador.
Tras una vida marcada por la búsqueda desesperada de validación en relaciones tóxicas, el diagnóstico de infertilidad y la pérdida de su bebé, experimentó una transformación radical que restauró la relación con su padre, quien finalmente le confesó su amor y orgullo.
Hoy, Joan cierra un ciclo de dolor para compartir su testimonio de esperanza y animar a otros a encontrar en Dios el amor incondicional que siempre necesitaban.

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