Después de vivir 18 años en la homosexualidad, enfrentar abusos, adicciones y un intento de suicidio, Ana Cavalheri entregó su vida a Jesús y encontró una nueva identidad.
Crecida en un hogar violento y sin referencias masculinas saludables, Ana cargaba con traumas de infancia que la llevaron a relacionarse con mujeres desde los 11 años y a consumir alcohol y marihuana desde la adolescencia.
Aunque construyó una carrera profesional, sentía un vacío profundo hasta que, tras un accidente automovilístico del que salió ilesa, decidió en un restaurante entregar su vida a Cristo.
Desde entonces, fue bautizada, transformó su mentalidad y hoy comparte su testimonio en redes sociales para animar a los jóvenes a buscar a Dios, asegurando que “Jesús está vivo y sigue haciendo milagros”, sin importar el trauma o la oscuridad en la que alguien se encuentre.

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