Edward Good fue liberado de una adicción al crack que marcó su vida durante 30 años, después de tocar fondo tras varios días de consumo continuo.
Mientras él enfrentaba recaídas, prisión y la pérdida de sus sueños, su esposa Tina decidió mantenerse a su lado y clamar a Dios por su restauración mediante la oración y el ayuno.
Una noche, al encontrarlo sin fuerzas dentro de su auto bajo la lluvia, Edward comprendió la profunda destrucción que la droga había causado en su vida y pidió a Dios la fuerza para cambiar.
Desde entonces, asegura que nunca volvió a consumir drogas y hoy vive restaurado como esposo, padre y dueño de un restaurante, dando testimonio de que la fe, la perseverancia y el poder de Dios pueden transformar incluso las situaciones más difíciles.

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