Dos evangelistas testifican haber sido guiados por Dios hasta un parque en Estados Unidos, donde encontraron a Luis, un hombre que enfrentaba pensamientos suicidas en medio del desempleo, problemas familiares y dificultades económicas.
Tras acercarse a él y orar por su vida, los cristianos compartieron el Evangelio y Luis confesó que estaba involucrado en la brujería y era seguidor de la Santa Muerte.
Según el testimonio, el hombre decidió renunciar a sus prácticas, entregar su vida a Jesucristo y fue bautizado ese mismo día, en una historia que los evangelistas describieron como una muestra de que “Jesús todavía salva, libera y encuentra a los perdidos”.

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