En una iglesia de escasos recursos en Brasil, la misionera Adriene Abreu demuestra que no se necesita mucho para enseñar el Evangelio, solo amor y disposición.
Con música y coreografía, los niños aprenden felices sobre Jesús, mientras miles de personas aplauden esta hermosa labor en los comentarios.
Un recordatorio de que el Evangelio se vive con alegría.

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