Ángel Ortiz pasó cuatro años involucrado en actividades ilícitas relacionadas con el comercio de sustancias ilegales entre México y Estados Unidos después de ser reclutado por un familiar cuando tenía apenas 18 años.
Durante ese tiempo obtuvo grandes ganancias económicas, pero también desarrolló problemas de dependencia mientras vivía bajo constantes amenazas y situaciones de alto riesgo.
Su vida dio un giro inesperado cuando comenzó a asistir a una iglesia junto a su hermano y escuchó el testimonio de antiguos compañeros que habían experimentado una transformación espiritual tras entregar sus vidas a Jesucristo.
Impactado por el cambio que vio en ellos, decidió arrepentirse y comenzar una nueva etapa guiada por la fe. Según su testimonio, Dios lo ayudó a superar las adicciones y a dejar atrás su antigua forma de vida.
Años después, en 2017, fue enviado como misionero a Cuba, donde ha dedicado su tiempo a compartir el Evangelio, establecer congregaciones y capacitar a nuevos líderes cristianos.
A pesar de los desafíos y las restricciones que ha enfrentado, Ortiz asegura que ha visto la protección y provisión de Dios en su ministerio, describiendo su transformación como “un milagro del Espíritu Santo”.

No hay comentarios
Publicar un comentario