Una mujer que se había alejado de la fe cristiana tras sentirse juzgada y lastimada por su antigua iglesia, encontró la reconciliación con Dios de la manera más inesperada durante una evangelización callejera.
Tras enfrentar la viudez, una profunda depresión y buscar respuestas sin éxito en la Umbanda, retó al evangelista Allan Machado a demostrarle que "Jesús es bueno".
Con profunda empatía y sin invalidar su dolor, Machado escuchó su historia, le aclaró que el amor de Cristo va más allá de las exigencias religiosas o económicas que la hirieron en el pasado, y logró guiarla en una emotiva oración de sanidad donde, en plena calle, ella decidió entregarle nuevamente su vida a Jesús.

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