Un nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo ha cobrado la vida de varios pastores locales, intensificando la presión sobre las iglesias que, a pesar del alto riesgo de contagio y la inestabilidad por conflictos armados, se mantienen en la primera línea de la crisis sanitaria ofreciendo apoyo espiritual, refugio y ayuda humanitaria a las comunidades afectadas.
Líderes cristianos han hecho un llamado urgente a la oración global por estos ministros que sirven como socorristas en zonas donde el sistema de salud es limitado, mientras ministerios locales han capacitado a más de 150 congregaciones para brindar atención adecuada ante el ébola.
Todo esto ocurre en un país donde el 95% de la población profesa el cristianismo pero enfrenta también persecución religiosa y violencia extremista, especialmente en las provincias orientales de Ituri y Kivu del Norte.

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