Un hombre con parálisis conmovió a una iglesia en Kentucky, Estados Unidos, al demostrar que nada impediría su deseo de obedecer a Jesús mediante el bautismo.
Debido a su condición física, cuatro miembros de la congregación lo llevaron hasta un arroyo donde se realizó la ceremonia, mientras otros colaboradores le ayudaron a entrar en el agua de forma segura.
Aunque no pudo ser sumergido completamente por motivos de salud, fue bautizado con el apoyo de la iglesia, en una escena que emocionó a los presentes y que, según el pastor Dewayne Gibson, reflejó la firme determinación del nuevo creyente de seguir a Cristo sin permitir que las limitaciones físicas se interpusieran en su fe.

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